top of page
Buscar

Jesús es la resurrección y la vida; el que cree en Él, vivirá

4 jul
4 min de lectura

Actualizado: 5 jul

Hay momentos en la vida en los que las palabras sobran. Momentos en los que el cuerpo se cansa, y el corazón se llena de preguntas.


En esos momentos, Necesitamos esperanza. Necesitamos paz. Necesitamos saber que Dios no está lejos.


Jesús conoce el sufrimiento humano. Él lloró ante la muerte de su amigo Lázaro. Él vio el dolor de una familia. Él no fue indiferente al llanto. Y en medio de ese dolor dijo una de las palabras más grandes de toda la Biblia:


“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá”Juan 11:25


Esta es la esperanza de el que cree en Jesús.


No significa que el cuerpo nunca sufrirá. No significa que siempre entenderemos lo que está pasando. No significa que no tendremos miedo. Significa que la muerte no tiene la última palabra para quien está en Cristo.


Cuando la vida se vuelve frágil, Dios nos invita a acercarnos a Él. No con orgullo. No con máscaras. No intentando demostrar que somos fuertes. Sino con un corazón sincero.


Jesús dijo:


“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”

Mateo 11:28


Ese descanso no es solo para el cuerpo. Es descanso para el alma. Es la paz de saber que podemos poner nuestra vida en las manos de Dios.


A veces, cuando alguien está muy enfermo, todos pensamos en tratamientos, decisiones, fuerzas, días, resultados y posibilidades. Todo eso importa. Amar la vida importa. Cuidar el cuerpo importa. Acompañar al enfermo importa.


Pero también hay algo profundamente importante: el alma.


Jesús preguntó:


“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?”Marcos 8:36


Esta pregunta no es para asustarnos. Es para despertarnos con amor. Porque Dios no quiere que nadie se pierda. Dios quiere recibirnos, perdonarnos y darnos vida eterna.


Volver a Dios empieza con algo sencillo y profundo: reconocer que lo necesitamos.


Todos hemos fallado. Todos hemos dicho o hecho cosas que hirieron a otros. Todos hemos tenido orgullo, egoísmo, dureza, falta de amor o distancia de Dios. Jesús llamó al arrepentimiento, no como una carga cruel, sino como el camino de regreso al Padre.


“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”Mateo 4:17


Arrepentirse es decirle a Dios la verdad. Es reconocer nuestras faltas. Es pedir perdón. Es también, cuando sea posible, buscar reconciliación con quienes hemos herido. Pero sobre todo, es mirar a Jesús y confiar en Él.

Porque no nos salvamos solos.



Jesús dijo:


“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”Juan 14:6


Jesús murió en la cruz por nuestros pecados. Cargó con lo que nosotros no podíamos cargar. Abrió el camino del perdón. Y resucitó, para que nuestra esperanza no termine en una tumba, sino en la vida eterna con Dios.


Uno de los momentos más tiernos del Evangelio ocurrió en la cruz.

Junto a Jesús había un hombre condenado. No tenía tiempo para rehacer su vida. No tenía años por delante para demostrar nada. Pero en sus últimos momentos

reconoció su culpa y miró a Jesús con fe.


Le dijo:


“Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”Lucas 23:42


Y Jesús le respondió:


“Hoy estarás conmigo en el paraíso”Lucas 23:43


Qué grande es la misericordia de Cristo.


Ese hombre no llegó tarde para Jesús. Llegó con fe. Llegó arrepentido. Llegó mirando al único que podía salvarlo.


Esto nos muestra algo precioso: nunca es tarde para volver a Jesús con un corazón sincero, y todos necesitamos de su misericordia.


Jesús mismo prometió:


“Al que a mí viene, no le echo fuera”Juan 6:37


Por eso, incluso en medio del dolor, hay esperanza. Incluso cuando sentimos miedo.


Podemos decirle a Dios:


“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”Lucas 23:46


Esa no es una oración de derrota. Es una oración de confianza. Es decir: “Padre, ya no puedo sostenerlo todo, pero tú puedes sostenerme a mí.”


Jesús también dijo:


“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí”Juan 14:1


La fe no elimina todas las lágrimas. Pero nos da una esperanza más fuerte que las lágrimas.


La vida eterna no es simplemente vivir más tiempo. Jesús dijo:


“Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”Juan 17:3


La vida eterna empieza cuando el corazón vuelve a Dios por medio de Jesús.


Por eso, hoy puede ser un día santo. Un día para pedir perdón. Un día para perdonar. Un día para reconciliarse. Un día para decirle a Jesús: “Señor, acuérdate de mí.”


Si alguien no sabe cómo orar, puede hacerlo con palabras sencillas:


Padre nuestro, que estás en el cielo, vengo a ti con humildad. Reconozco que he pecado y que necesito tu perdón. Me arrepiento de corazón por todo lo que he hecho mal, por las veces que he herido a otros y por las veces que he vivido lejos de ti. Creo en Jesús. Creo que murió en la cruz por mis pecados y que resucitó. Hoy acepto a Jesús como mi Señor y Salvador. Padre, en el nombre de Jesús, acuérdate de mí en tu Reino. Recíbeme, perdóname y dame tu paz. Que se haga tu voluntad en mi. Amén.

Jesús perdona. Jesús recibe. Jesús salva. Jesús da vida eterna.


Y esta es nuestra esperanza:


“El que cree en mí, aunque muera, vivirá.”Juan 11:25

 
 
 

Comentarios


bottom of page